En ausencia de textos escritos en algunas culturas, miramos a los murales, la cerámica, los 

                                 códices, la arquitectura y la escultura como un lenguaje simbólico. Este simbolismo tiene su

                                 contraparte o paralelismo en los ritos, las costumbres y los mitos antiguos, muchos de ellos

                                descritos en las fuentes históricas del siglo  XVI.  Todos estos símbolos constituyen una lengua

                                que nos ayuda a interpretar la organización de los pueblos que los empleaban.

                                Doris Heyden examina en estos artículos un sólo elemento, la Flor, como indicador de jerarquías,

                                control social y economía . . . (leer mas).

                                (En la foto, Xochipilli, Dios de las flores).

 

  

   Estando a la cabeza de la jerarquía floral, los dioses tenían precedencia sobre ciertas plantas.

   Los ramilletes que se hacían para regalar a las "personas superiores" sólo se podían oler en las orillas,

   ya que el centro era reservado al dios supremo, Tezcatlipoca (Serna 1953:218).

   En la  imagen, Tezcatlipoca negro. Dios que preside el Universo norte, patrono de guerreros y príncipes,

   dios del frío que representa el cielo nocturno. 

 

                                    Muchas flores como adorno o simplemente para ser olfateadas eran prohibidas a los que no 

                                   eran del grupo privilegiado.  Había pena de muerte "para quien cogiera ciertas flores si no es señor

                                   o tiene licencia" (López de Gómara 1966 II: 438-39). Ser Señor quiere decir que nacía dentro de

                                   ciertas familias, la nobleza; tener licencia quiere decir que lo ganaban por sus hazañas.

                                   Haz click en la imagen ó aquí para ver el video explicativo.

 

  Las plantas de ornato como prerogativa de la clase dirigente se ve en los

 espléndidos jardines que tenían los reyes de México entre otros en

 Tenochtitlan, Iztapalapa y Texcoco. Aparte de plantas medicinales,

 estos jardines tenían árboles, arbustos y flores que daban "deleite de utilidad". 

 Los huertos y verduras se cultivaban en otra parte, donde no ofendieran

 la vista de los príncipes, ya que eran posesiones de gente ordinaria.

 Las flores se escogían por su rareza y su fragancia, y los árboles por su sombra

                                                           y su belleza, como los Ahuehuetes de Chapultepec. (continúa . . .)

 

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